La Madre De Las Cosechas

Hace mucho, pero mucho tiempo, cuando aún no habías nacido tú, ni tus padres, ni tus abuelos, cuando aún no habían casas ni calles, ni habían televisores ni radios, cuando aún no habían libros y los únicos cuentos que existían eran los que se escuchaban contar por los abuelos y las abuelas alrededor del fuego, hace mucho tiempo, cuando las personas todavía salían a cazar y a recolectar frutas silvestres para poder comer, pues aún no sabían cómo cultivar la tierra sembrando semillas, en ese tiempo tan lejano, casi al comienzo de los tiempos, había una niña llamada Pacha.

Pacha era una niña muy particular, pues no le gustaba hacer lo que hacían las demás personas.  No le gustaba ir de cacería, ni tampoco le gustaba andar por el bosque recolectando frutas silvestres.  En cambio, a Pacha le gustaba hacer cosas que a nadie más le interesaba.  A Pacha le encantaba jugar en la tierra, enterrando cositas y recordando dónde las había escondido para volver a desenterrarlas.  Este era su propio juego.  Era un juego de memoria que sólo ella entendía, y con el que ella solita se entretenía.

Cuando Pacha escuchaba los cuentos de los abuelos y de las abuelas, ella se acordaba de cada palabra, para que cuando ella fuera anciana pudiera contarles a los jóvenes esos antiguos cuentos alrededor del fuego.  Aún siendo pequeña, todos sabían que ella era especial, pues ya podía repetir los cuentos de los ancianos con sólo oírlos una vez.  Por eso, no la molestaban mucho cuando ella se dedicaba a su propio juego, que nadie entendía, pero que a ella le fascinaba.

Desde temprano en la mañana, hasta entrada la tarde, Pacha buscaba objetos pequeños para enterrar bajo tierra, para volver días después a buscar, encontrar y desenterrar cada uno.  De esta manera le encantaba probar su memoria.

En varias ocasiones ella quiso compartir su juego con otros niños, pero éstos rápidamente se aburrían al olvidar donde enterraban las cosas.  Pero ella continuaba solita.  Enterraba piedritas de distintos colores y distintas formas, enterraba palitos de distintos tamaños y grosores, enterraba hojas y enterraba flores de distintos perfumes, y enterraba semillas que encontraba caídas en el suelo del bosque, o que arrancaba de alguna planta, o que sacaba de alguna fruta.  También enterraba huesitos y enterraba plumas.

Todo aquello que cupiera dentro de la palma de su pequeña mano, Pacha lo enterraba, para luego volver a buscarlo y ver cómo había cambiado.  Desde que escuchó el cuento de una de las abuelas que contaba como todo cambiaba con el tiempo, Pacha quiso ver los cambios de las cosas.

Al desenterrar los objetos que había enterrado, descubrió que las piedritas no cambiaban mucho.  Sólo se ensuciaban, pero al lavarlas con agua, regresaban a su estado original.  Descubrió que los palitos a veces se hacían más débiles, que las hojas a veces se deshacían.  Descubrió también que a veces las semillas se transformaban totalmente, echando una colita blanca peluda hacia abajo, y unos bracitos verdes hacia arriba.

La primera vez que se encontró con este cambio en una semilla que había enterrado, pensó que algún brujo viejo había hecho magia para asustarla, pero más bien, le dio risa de ver esa colita blanca peluda que le salía a la semillita.  Y cuando encontró que lo mismo le sucedió a otras semillas que había enterrado, Pacha comenzó a pensar en su propio cuento sobre cómo cambiaban las cosas, para algún día contar alrededor del fuego.

<<Yo entierro piedritas, iba el cuento de Pacha.  Las piedritas duras de la tierra, las piedritas duras que salen de los animalitos (así llamaba ella a los huesos), y las piedritas duras que tienen las plantas (así llamaba ella a las semillas).  No todas cambian igual, seguía su cuento.  Pero las que más cambian, son las piedritas de las plantas, que crecen colita y bracitos.>>  Hasta allí llegaba su cuento, pero aunque fuera corto, pensaba que era un cuento muy bueno, un cuento que nadie jamás había contado.

Una noche Pacha quiso contar su cuento, y la dejaron, pero cuando ella terminó, algunos se rieron de los inventos de la niña, pero otros se asustaron y pensaron que los brujos tenían algo que ver con el cuento de Pacha.  Estos ya no veían con tan buenos ojos los extraños juegos de Pacha.

Sin embargo, Pacha continuó con sus juegos, y ahora con aún más interés, pues quería ver cómo seguían cambiando las “piedritas” de las plantas que enterraba y desenterraba.  Pronto, Pacha descubrió algo sorprendente, y lo fue verificando con todas las semillas que enterraba: Si desenterraba por completo las semillas que habían crecido colita y bracitos, estas se secaban y se volvían color de tierra, para finalmente convertirse en tierra.  ¡Pero si no las desenterraba, la colita blanca y las manitas verdes seguían creciendo hasta convertirse en una plantita!

Pacha añadió otro pedazo a su cuento: <<Las piedritas de las plantas, si las acostamos en la tierra y no las despertamos, sueñan que son plantas, y su sueños se hacen realidad.>>  Pero esta parte de su cuento no se lo contó a nadie.  La guardó dentro de ella como si fuera una semilla, para que este cuento creciera.  Y realmente creció.

Pacha siguió cada vez más interesada en sus juegos de transformación de las semillas que sembraba.  Cerca de donde hacían el fuego y escuchaban los cuentos de las abuelas y los abuelos, Pacha continuaba sembrando sus semillas, y comenzó a ver cómo nacían plantas.  Nadie más las notaba, pues siempre nacían plantas por todas partes en el bosque.  Pero Pacha sabía muy bien cuáles eran, porque ella había enterrado las “piedritas” que se transformaron en esas plantas.

Un día cuando las mujeres regresaban de recolectar frutos silvestres en el bosque, llegaron contentas de haber encontrado una nueva frutita que tenía un sabor especial, y le regalaron a Pacha unas cuantas para probar.  “Realmente son ricas” pensó ella, escupiendo las piedritas de la fruta en sus manos.  Y como ella siempre hacía, fue y las sembró.

Con el tiempo las plantas nacieron, y con más tiempo aún, las plantas dieron frutos.  Todos se sorprendieron de que esta nueva fruta comenzara a aparecer donde ellos vivían.  Sólo Pacha sabía porqué.  Además, comenzó a escoger las semillas de las frutas más grandes y sabrosas para sembrar.

Al igual que crecían las plantas, también Pacha creció, convirtiéndose en una muchacha.  Ella siguió sembrando semillas que nacían y crecían, convirtiéndose en plantas de todo tipo: plantas con flores hermosas, plantas con frutas sabrosas, plantas con hojas que curaban, y plantas que se convertían en árboles.  Con el tiempo, el lugar donde vivía Pacha se convirtió en un frondoso jardín del que todos disfrutaban.

Por fin, Pacha volvió a atreverse a contar un cuento en torno al fuego.  Todos escucharon con interés, pues recordaban el primer cuento de Pacha tiempo atrás.  Esta vez su cuento era más largo.

<<Mis queridas abuelas y abuelos, madres y padres, tías y tíos, hermanas y hermanos, primas y primos, sobrinas y sobrinos: Como todos ustedes saben, yo siempre he seguido mi propio camino, diferente al camino de las otras personas.  Cuando ustedes salían a cazar o a buscar frutos en el bosque, yo me quedaba enterrando piedritas, y seguí sembrando semillas. Mis juegos eran extraños para ustedes. Pero con mis juegos he logrado cosas maravillosas.  Yo no he sido madre de una hija o de un hijo.  Sin embargo, sí me he convertido en otra especie de madre.>>

Con estas palabras, algunas personas sentadas alrededor del fuego se miraron entre sí, extrañados por las palabras confusas de Pacha, pero ella continuó con su cuento.

<<¡También me he convertido en una especie de abuela!>>  En este momento algunas personas se rieron y otras se asustaron, pues Pacha escasamente tenía edad para ser madre, y mucho menos para ser abuela, pero siguió con su historia.

<<Todos hemos visto cómo cerca de nuestros hogares han crecido todo tipo de plantas y árboles con flores hermosas, frutas sabrosas, y hojas que curan, y que año con año han nacido nuevas plantas cuyas frutas son cada vez más grandes y más sabrosas, y sus flores más hermosas.  Esas plantas no han nacido por casualidad, ni porque los dioses están contentos con nosotros. Esas plantas han nacido porque yo he sido su madre y su abuela.>>

Al decir estas frases, Pacha se dio cuenta de que uno de los viejos más fuertes del grupo, llamado Hades, se enojó por lo que ella contaba.  Pero Pacha quería revelarle a su gente el secreto que ella había descubierto sobre las semillas y las plantas, y siguió con su historia.

<<No deberían asustarse, dijo Pacha, ni es cosa de brujos lo que tengo que contarles.  Recuerdan que cuando yo era niña les conté el cuento de las piedritas de las plantas que echaban colita y brazos.  Pues era verdad.  Y por mucho tiempo yo seguí sembrando piedritas de todo tipo, para después ver qué les sucedía.  Después de tanto tiempo de jugar mis juegos y de observar, ahora sé, qué les sucede a la piedritas que se entierran.  Las piedritas de las plantas y de las frutas –las semillas-, al sembrarlas, con el tiempo se transforman en plantas, y estas plantas son iguales a las plantas de donde venían las semillas.  Y si la planta madre tenía una fruta grande, roja y sabrosa, la planta niña que nace y crece, finalmente da frutas grandes, rojas y sabrosas, parecidas a las de su madre planta.>>

Todos los que escuchaban el cuento de Pacha se miraban extrañados.  El viejo Hades ya se había levantado y apartado del grupo, notablemente molesto por el cuento de Pacha, pero Pacha continuó.

<<Durante muchas lunas y primaveras, yo he buscado las mejores frutas para sacarle sus semillas y sembrarlas, para que nazcan nuevas plantas con esas mismas frutas sabrosas.  He buscado las semillas de las plantas con las flores más hermosas, con el perfume más sabroso, y con las hojas con mejor capacidad de curar, para sembrar sus semillas, y que nazcan y crezcan en nuestro jardín.  Es así entonces, cómo yo soy la madre o la abuela de esas plantas y sus frutos.  Pero lo que más deseo contarles es que todos ustedes, todos nosotros, podemos convertirnos en padres y abuelos de las frutas que más nos gustan, con sólo sembrar sus semillas y esperar que solitas nazcan, para entonces cuidar esas plantas como si fueran nuestras hijas y nietas!>>

Con este final del cuento, todas las personas que quedaban alrededor del fuego quedaron maravilladas, algunas porque no entendían nada de lo que decía Pacha, pero otras porque sí comenzaban a entender las posibilidades que se les abría con el cuento de Pacha: Que las plantas nacieran, era un regalo de los dioses, pero que ellos pudieran cultivarlas era el mensaje de Pacha.  En los próximos días varias personas se le acercaron a Pacha para preguntarle más sobre su cuento.

Sin embargo, no todos estaban contentos con el cuento de Pacha.  El viejo Hades ya se había reunido con otros viejos del grupo y habían decidido que lo que Pacha decía podía enojar a los dioses, y éstos podrían dejar de favorecerlos con buena cacería y buenos frutos silvestres.  Hades con su grupo de viejos acordaron arrancar y quemar el jardín sembrado por Pacha, que temían era una ofensa a los dioses.  Y a Pacha decidieron exiliarla del grupo para que no atrajera la furia de los dioses.

Mientras Pacha se encontraba sembrando semillas, llegó el viejo Hades y la prendió.  La delicada Pacha no pudo luchar contra el viejo fuerte.  Pero tampoco le tenía miedo.  Sin embargo, cuando le arrancaron su jardín y le prendieron fuego, Pacha lloró de tristeza.  A ella la llevaron por el bosque a un lugar lejano para que nunca regresara.

En la aldea, muchos quedaron tristes con el exilio de Pacha, pero no se atrevían a contradecir al viejo Hades.  No obstante, algunos recordaban el cuento de Pacha y comenzaron a experimentar por sí mismos, trayendo semillas de frutos que encontraban en el bosque para sembrar más cerca de casa.  Escogían las semillas de los frutos más sabrosos, y así con el tiempo, se fue llenando la aldea con frutos de todo tipo.  Hasta el jardín de Pacha que había sido destruido se recuperó por la gente que la sembraba.

A pesar de estar exiliada en un valle lejano, Pacha se convirtió en maestra de la magia de cultivar plantas.  Muchas personas acudían donde ella para consultarle sobre las semillas y le traían muestras para sembrar.  Muchos aprendieron todo lo que Pacha había descubierto y enseñaba.  Y los gustos de cada persona se reflejaban en las semillas que sembraba.  Había quienes les gustaban los sabores dulces, otros que preferían los sabores picantes.  Había quienes sembraban semillas por sus colores para hacer collares, otros por el perfume de sus flores.

La magia de la agricultura se fue expandiendo entre las personas y la variedad de frutos útiles fue aumentando y mejorando con cada recolección y siembra, con cada cosecha y selección de las mejores semillas.

Aún cuando los viejos con el tiempo decidieron que Pacha podía volver, ella permaneció en su valle de exilio, transformado por ella en un vergel de flores, frutas, perfumes y plantas curativas.

Pasaron los años y Pacha llegó a vieja.  Todos la recordaban como la madre de las siembras y de las cosechas, y por eso la querían y la respetaban.  Finalmente, un día, Pacha cayó enferma.  Fue un día triste para todos.  Pacha pidió que la llevaran de nuevo a la aldea, a su primer jardín que había sido destruido años atrás por los viejos temerosos.  Ahora era un jardín de flores hermosas que algunas niñas del pueblo habían sembrado.  Pacha quería descansar viendo el fruto de sus enseñanzas.

En esos últimos días no paraba la gente de llegar donde ella para conocer a la madre de las cosechas, o para consultarle sobre los misterios de las semillas.  Finalmente, estando Pacha muy débil, ella quiso sentarse cerca del fuego a contar un cuento.

<<Amados nietos y nietas.  Yo ya soy una anciana, y he visto muchas cosas en mi larga vida.  He conocido cosas tristes y terribles, y he conocido cosas hermosas y maravillosas.  Pero lo más maravilloso que he conocido es el cultivo de las semillas.  Las semillas tienen tres madres: las plantas, la tierra y nuestras manos.  Entre las tres he visto cómo frutos pequeños y de poco sabor se han ido transformado en delicias hermosas, he visto cómo florcitas sencillas se han transformado en arco iris de color, he visto cómo plantas con pocos granitos, suficientes para darle de comer a un ratón, se han transformado en plantas colmadas de granos, suficientes para alimentar a uno de nuestros hombres cazadores.>>

<<La tierra está feliz con nosotros, pues en nuestras manos ha encontrado a una hermana para ayudarle a cuidar a sus hijas, las semillitas.  La tierra está contenta conmigo por haber jugado con ella toda la vida, por haber descubierto algunos de sus secretos, y por haber compartido esos secretos con todos.  Ahora todos ustedes son hermanos y hermanas de la tierra, y también lo serán sus hijos, nietos y bisnietos hasta el final de los tiempos, mientras sigan cuidando de las semillas.>>

<<En cuanto a mí, dijo Pacha, yo ya pronto me iré, y me enterrarán como a una semilla.  Yo ya sé lo que pasará con mi cuerpo y con mis huesos: estos se convertirán en polvo y se mezclarán con la tierra.  Pero lo que son mis cuentos, ellos siempre seguirán vivos.  Y lo que son las semillas, las que sembramos hoy serán las flores y las frutas que tendremos mañana, y con el tiempo y las manos de nuestros nietos y bisnietos, muchas más serán las semillas que nos acompañarán.>>

Con estas palabras, Pacha, la anciana madre del cultivo de las semillas, se acostó entre las flores y cerró los ojos para siempre.

Hoy, a pesar de que tanto tiempo haya pasado, todavía recordamos a Pacha como la que nos enseñó a seleccionar semillas para sembrar.

Fin

*** Please email ortixia@terralingua.org if you would like to offer an English translation.

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Maya Jiro Mithe

A folk tale from the Great Andamanese tribe that explains why birds are conserved in the Andaman Islands. The last speaker of the Bo language, the late Boa Sr., who died in February 2010, was seen talking to birds, as she believed that birds of Andaman understood her language. This is a story of a boy who belonged to the Jero tribe and lived near the seashore. Other tribes who lived near the seashore were Khora, Bo, and Sare. The protagonist of the story is swallowed by a Bol fish and then all the rescuers become birds. The tribes thus believe that birds are their ancestors.